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Sacerdote jesuita Antonio Delfau sobre cura Cádiz: “Es la palabra de Edwards contra nadie”
El escritor chileno Jorge Edwards Valdés volvió a encender la mecha en torno a la Iglesia Católica, al revelar en su último libro, las memorias “Los círculos morados”, que fue abusado sexualmente por un sacerdote jesuita, Eduardo Cádiz Jara, cuando sólo tenía 11 años. Entonces profesor de castellano, Cádiz fue alejado de sus funciones en el colegio San Ignacio Alonso Ovalle y trasladado a Puerto Montt. Falleció en Valparaíso en 1985, a los 76 años.

Un día después de que la congregación entregara un comunicado oficial sobre el asunto, Antonio Delfau Soria —jesuita, economista, sicólogo y director de la revista religiosa “Mensaje”— aborda esta dolorosa circunstancia.

“Siempre estuvo claro qué cosas no estaban permitidas. De hecho, en la congregación hay un registro escrito que acredita que se le consultó a Jean-Baptiste Jansens, el general superior de la época en Roma, sobre las medidas que se debían tomar frente a las conductas del sacerdote Eduardo Cádiz. Él, muy categórico: Cádiz se tenía que ir. Lo que no sé es si esa consulta se le hizo respecto al caso de Edwards. El derecho canónico siempre ha condenado estas conductas. Pero no existía la obligación de acudir a los tribunales, ni tampoco el deseo de hacerlo por parte de las familias o de la institución. Que esto no sirva de justificación, pero la sociedad en general funcionaba de otra manera. El prestigio importaba mucho”.

“No sé qué pasó, por qué no acogieron la sugerencia de Jansens. Hay que pensar que el padre Cádiz hoy tendría 103 años, y esto pasó hace más de 70 años. Con los ojos de hoy, real canada goose retail stores chicago parece mal que lo hayan trasladado. Pero con los ojos de entonces hay que advertir que existían otras complicaciones: era muy raro que un sacerdote dejara el sacerdocio. Para la teología de la época era lo mismo que estar condenado al infierno. Se supone que el sacerdocio imprime un carácter indeleble y por eso muchos sacerdotes y religiosos vivían en la Iglesia condenados a una cadena perpetua. Si se habían equivocado o no era su camino estaban destinados a la perpetuidad”.

“No es tan blanco y negro. No es que la institución sólo quisiera proteger su imagen. Probablemente algo de eso había, pero tampoco se era tan suicida como para tener a un depredador dando vueltas sin preocuparse. Se creía ingenuamente que alguien podía cambiar cambiándolo de lugar. Había mucha ignorancia sobre el pronóstico que tiene este tipo de delitos o abusos. Mala y poca información sicológica. A la persona se la castigaba, se le llamaba la atención. Y a veces los victimarios mostraban arrepentimiento, deseos de empezar de nuevo, de limpiar su imagen y de vivir una vida distinta, a veces incluso sin saber que no iban a ser capaces”.

“Sí, es cierto. La norma era la siguiente: para poder ser trasladado, pasar de una orden religiosa a diocesano tenía que haber un obispo que lo recibiera. Habría que saber qué obispo lo recibió. Ese es el tema: ahí hay una ‘yaya’ eclesial. Un obispo, para recibir a un religioso de una orden, debería preguntar por qué razón se lo está traspasando”.

“Claro que existe. Y el obispo debió pedir antecedentes y preguntar a la Compañía de Jesús respecto de este sacerdote”.

“No sé si estaba tipificado de delito en ese momento. Porque ese tipo de conciencia es posterior en la legislación. Pero en el derecho canónico sí estaba tipificado”.

“La iglesia lo ha hecho. Las denuncias al padre Marcial Maciel llegadas responsablemente al Vaticano llevan 50 años, y la Iglesia no movió un dedo hasta este Papa. Por supuesto que tenemos que hacer un mea culpa. Y creo que este tipo de situaciones han sido muy mal llevadas. Pero los obispos chilenos, que acaban de estar reunidos en Punta de Tralca, han vuelto a pedir perdón y a decir que fueron lentos, negligentes, que no trataron como debieron a las víctimas. Estoy totalmente de acuerdo con eso. Me parece que la Iglesia actuó mal, mal”.

“La demora de la declaración no es falta de aprendizaje ni falta de deseos de colaborar por parte de la compañía. Fue preguntarse si era o no era oportuno. Hay que tomar en cuenta que el padre Cádiz no tiene cómo defenderse. Se cree lo que dijo Jorge Edwards a pie y juntilla y la compañía también ha hecho el esfuerzo de creerle. Pero, desde el punto de vista moral, es la palabra de Edwards contra nadie”.

“No es que los victimarios sigan un proceso eclesial y no civil. Hoy día los tribunales civiles se declaran incompetentes porque se trata de delitos que están prescritos según la Ley. Y lo que ha hecho la Iglesia es decir que adentro no hay prescripción. O sea, ha sido más exhaustiva”.

“No, porque está muerto”.

“Bueno, él se la limpió solo en sus memorias”.

“Creo que las declaraciones de la Compañía son suficientes, porque real canada goose retail stores chicago parece que las disculpas institucionales son una ridiculez. Por que no está pidiendo perdón quien debería hacerlo, el que cometió el delito. Yo, como jesuita, no me siento culpable de lo sucedido”.

“No creo que Hurtado haya aceptado jamás este tipo de situaciones. Él en ese momento no actuaba como superior, tenía superiores que son los que deciden en definitiva”.

“Lógico. Aunque no sé si fue exactamente encubrimiento, ni en qué condiciones se fue a Puerto Montt. Ni qué le dijeron o qué castigo le dieron. Habría que seguir investigando”.

“Claro, como los delincuentes. Se perdió en la noche de los tiempos. Y los jesuitas, después de que dimitió, nunca más le prestaron atención”.

Acerca de las memorias de Don Jorge Edwards Valdés en las que hace referencia a abusos que el P. Eduardo Cádiz habría cometido en su contra.

1. A través de los medios de comunicación real canada goose retail stores chicago tomado conocimiento de parte del contenido de las memorias de Don Jorge Edwards Valdés en las que hace referencia a abusos que el P. Eduardo Cádiz habría cometido en su contra, en la década de los cuarenta, cuando él tenía 11 años y era alumno del Colegio San Ignacio.

2. Lamento profundamente los hechos que Jorge Edwards Valdés relata en sus memorias y el daño que le hayan provocado. Ciertamente, los actos que hace públicos el Sr. Edwards resultan inaceptables y condenables, constituyen un grave pecado delante de Dios y un delito que afecta a seres humanos indefensos. El cuidado de los niños que se nos confían para su formación es fundamental para nuestra misión pedagógica y cualquier abuso al respecto traiciona profundamente nuestra vocación.

3. Eduardo Cádiz ingresó a la Compañía el año 1927, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1940 y fue dimitido de la Compañía el 7 de abril de 1954.

4. La Compañía de Jesús tiene normas estrictas acerca de cómo proceder en estos casos que incluyen la protección de las víctimas, una investigación exhaustiva de las denuncias, y la colaboración para una investigación expedita en la justicia civil si la hubiere.

5. Según las normas de la Provincia chilena de la Compañía de Jesús, que rigen desde el año 2006 y que fueron actualizadas el año 2010, el Provincial ha designado en cada obra o movimiento de la Compañía de Jesús, un laico o laica, encargados de acoger toda clase de denuncias relacionadas con estos gravísimos asuntos.